Hiperestimulación: el daño que produce en el desarrollo de los niños

4 agosto de 2017


Mar 6, 2018 @ 00:31
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La periodista española Emma Sánchez habló sobre la hiperestimulación a la que muchos padres someten a sus hijos y los daños que esto provoca en el desarrollo físico y mental de los niños. “Existe un afán de los padres por tener ocupados y entretenidos a los hijos”, expresó.

Escuche la columna completa de Emma Sánchez:

https://www.dropbox.com/s/6lqawi67lkpbjem/Fuerte_y_Claro_-170803-Entrevista_a_Emma_Sanchez.mp3?dl=1

A continuación, un resumen de lo expuesto por la periodista española en Fuerte y Claro.

Vivimos en una sociedad que no nos da ningún respiro, pero tampoco nosotros se lo damos a ella y eso ha pasado factura a los más vulnerables; a los niños.

Cada vez son más los casos de menores y adolescentes frustrados, deprimidos y desorientados por esta sociedad que los devora.

Existe un afán de los padres por tener ocupados y entretenidos a los hijos, como si así fueran a ser más listos, más felices, más capaces y más desarrollados. Nada más lejos de la realidad. Este mundo rápido, estresante, hiperestimulado, está pasando factura a los más pequeños y no nos damos cuenta de que no podemos trasladar nuestro ritmo de vida de los adultos a ellos.

Se nos ha educado y se nos sigue educando dentro del modelo prusiano o tradicional, donde las personas son instruidas para servir al sistema, hablamos del modelo mecanicista de la educación, que considera al niño como un ser “programable”, y que ha dominado durante todo el siglo XIX, XX, y parte de este siglo.

Este modelo se basa en la determinación de ciertas metas u objetivos que todos los niños deben alcanzar, y que son marcados en función de la media o por las necesidades sociales predominantes. Las necesidades de la vida adulta de hoy en día se basan en el éxito, en la productividad laboral, y trasladamos esta visión a nuestro objetivo educativo.

Los dispositivos, esos que a los padres les encanta dar a sus hijos para que no los molesten o porque piensan que les va a desarrollar su cerebro en mayor medida que el resto, por muy sofisticados que sean sus algoritmos, carecen de la sensibilidad que otro ser humano puede otorgar. Porque la sensibilidad es profundamente humana.

Lo que podemos concluir es que más importante que un exceso de estimulación sensorial, que tener todos los dispositivos electrónicos de última generación durante los primeros años de desarrollo, son los patrones de interacción entre el niño y su padre, cuidador, o tutor.

Esto le hará desarrollarse de la manera más sana y natural. Además, no queremos ‘súper niños’, sino buenas personas, que sean empáticas, nobles y solidarias. De hecho, nadie quiere anular su capacidad de asombro, de creatividad y de imaginación porque si lo hiciéramos la humanidad como se conoce desaparecería y estaríamos más cerca de los ciborgs que de nuestros hermanos, los demás seres vivos de este planeta.

Todo lo que los niños tocan, huelen, oyen, ven y sienten deja una huella en su mente, en su alma, a través de la construcción de su memoria biográfica que pasa a formar parte de su sentido de identidad. En definitiva, los niños aprenden en contacto con la realidad, no con un bombardeo de estímulos tecnológicos perfectamente diseñados.

Tocar la tierra húmeda o mordisquear y oler una fruta deja una huella en ellos que ninguna tecnología puede igualar.


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