Lider (es) de la (s) Oposición (es)

21 diciembre de 2014


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                                                                                                                                                                                            Por Pablo Mieres

Nadie puede discutir que Luis Lacalle Pou ha realizado una muy buena campaña y que, más allá de su derrota en segunda vuelta, ha tenido una performance electoral muy favorable.

De hecho, en poco tiempo, pasó de ser un diputado promisorio con posibilidades de ser candidato presidencial en 2019 a convertirse en el principal referente del Partido Nacional que, además, compitió en segunda vuelta por la Presidencia de la República cinco años antes.

Nadie puede dudar que Luis Lacalle Pou será una figura de primer relieve en el debate político de los próximos años y, desde el punto de vista cuantitativo, es además quien lidera la bancada más numerosa de todos los grupos y partidos que no están en el gobierno.

Pero de allí a asumir que es el líder de la oposición existe una enorme distancia.

En primer lugar, porque no existe una oposición. De hecho hay cuatro partidos con representación parlamentaria que no integran el gobierno y entre ellos existen importantes diferencias.

A lo sumo, se podría interpretar que los partidos históricos, el Partido Naiconal y el Partido Colorado, constituyen un bloque político común, en la medida que incluso están decididos a presentarse en forma conjunta para las elecciones departamentales en Montevideo y, a esta altura, ya se han apoyado recíprocamente en las tres segundas vueltas que han tenido lugar en nuestro país desde que se instaló esa regla de juego.

Pero incluso asumiendo que blancos y colorados son un bloque político único, es dudoso que los sectores políticos de ambos partidos acepten pacíficamente que Luis Lacalle Pou los lidera a todos. En todo caso es un problema de ellos en el que no nos vamos a meter.

Lo que sí es claro y rotundo es que para el Partido Independiente, las figuras o líderes de los diferentes sectores de los partidos tradicionales no nos representan y, mucho menos aún, nos pueden liderar.

Parece mentira que a esta altura de los acontecimientos tengamos que reiterar ciertas cosas obvias que, además, están sólidamente respaldadas en nuestras sucesivas y permanentes decisiones políticas.

En este país existen varias oposiciones al gobierno y el Partido Independiente representa a una de ellas. Una oposición de izquierda moderada y democrática que, al mismo tiempo, también tiene notorias diferencias con el bloque de los partidos tradicionales.

La negativa a integrar el Partido de la Concertación y nuestra postura firme y enérgica de no aconsejar el voto, por segunda vez consecutiva, en la disyuntiva de segunda vuelta presidencial entre el candidato frentista y el candidato nacionalista, son gestos muy contundentes de reafirmación de un espacio propio e independiente.

Somos una oposición diferente y así habremos de continuar actuando; tal como lo hemos hecho en todos estos años. No nos alineamos con el partido de gobierno, es decir que somos oposición; pero tampoco nos alineamos con el bloque de blancos y colorados, es decir que somos una oposición diferente.

Probablemente somos una “piedra en el zapato” para ambos bloques.

En el Frente Amplio son muchos los que preferirían que nos alineáramos con los blancos y colorados, así esa clásica tendencia a dividir el mundo en “buenos y malos”, “blanco y negro”, “LA izquierda y LA derecha” podría dibujarse libremente sin la incomodidad de nuestra presencia que, además, es creciente en el panorama político nacional.

De hecho, es muy frecuente en el discurso de los dirigentes del Frente Amplio empujarnos hacia el bloque de los partidos tradicionales como si fuéramos parte de ese agrupamiento.

En los partidos tradicionales se nos cuestiona porque no los apoyamos y se nos acusa de que le “hacemos el juego” al Frente Amplio, ayudándolo con nuestra presencia a continuar prevaleciendo, sin darse cuenta ni asumir sus propias falencias e incapacidades para enfrentar al partido de gobierno.

En definitiva, nuestro camino es el de acompañar, sin condiciones y sin pedir nada a cambio, todas aquellas iniciativas y políticas que impulse el gobierno y que a nuestro juicio sean positivas para el país y nuestra gente; pero al mismo tiempo, señalar con firmeza y energía las críticas sobre aquellas iniciativas y decisiones que, de acuerdo a nuestra opinión, perjudican los intereses del país, vigilando y fiscalizando el accionar gubernamental para denunciar las cosas que se hagan mal o que puedan violar las reglas de juego.

Este camino nos verá a veces votando con los demás partidos de oposición, otras veces votando junto al gobierno y también nos verá votando en soledad en determinadas circunstancias.

Por eso, no existe un líder de la oposición, como tampoco existe una única oposición política en este país. Sería bueno que ciertos analistas y periodistas fueran más precisos y analizaran la realidad sin perder los ricos matices que existen.


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